28 octubre, 2013

tía abuela


Anoché murió mi tía abuela. Mientras acomodaba la cama pensé en todas las abuelas que le precedieron, dulces o rigurosas ancianas que vivieron todos los años de su cuerpo con el esplendor de las flores que brotan lo mismo que se marchitan. Hemos venido al mundo como un pacto con la eternidad.

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Acepto la muerte con la dureza de un diamante. Mientras viva se labrarán en mí incontables aristas y a través de todas ellas se proyectará un color diferente.

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Vivan, hagan lo que se les de su chingada gana. No se queden sin hacerlo todo, sin sentirlo todo, sin decirlo todo. Lo mismo vuela la mariposa que la mosca.