26 marzo, 2016

Las vacaciones y el silencio (II)

Fui a la tierra sin wi-fi, vi la luna regordeta y a las aves meciéndose en árboles gigantes. Bebí de la risa fresca de mis queridas niñas. 

Escribí cuanto pude. Leí una novela, organicé unas notas de pie de página, releí mis cuentos favoritos y suspiré por el bigote de Gutiérrez Nájera (como cuando tenía 20).

Comí rico, reí mucho y dormí todo lo que mi cuerpo quiso.

Alimenté a algunos mosquitos con mi sangre (¿vieron Lilo&Stitch?)

Caminé sola y escuché una voz: la mía, la vieja, la primera... sin roles ni expectativas... fue grato saber cuánto y cómo he crecido.

De regreso pensé que no tomé ninguna foto, pero... ¿cómo retratar el silencio?

Yo también necesito días de veintiocho horas y dos o tres vidas para repetirlo todo.